Overthinker.

¿En qué puedes estar pensando ahora que te suma más de lo que te resta?

Se me disparó el corazón, y la mano en la que tenía el teléfono me empezó a temblar. No recuerdo en este instante cuál fue el texto que me hizo entrar en pánico, porque han sido muchos. Tampoco les puedo decir que todos han sido cosas de trabajo o sobre temas importantes, porque mi sobrepensadera —relacionada a situaciones o personas que me disparan la inseguridad— lo abarca todo.

¿Lo dije bien? ¿Soné arrogante, estúpida, desesperada, no suficientemente interesada? ¿Tuve compasión? ¿No dije suficiente? ¿Dije demasiado? ¿Se me fue la mano? ¿Metí la pata? ¿LA CAGUÉ?

Llegan después esos minutos interminables de silencio… o peor aún, las bolitas esas que suben y bajan cuando te están contestando… que de pronto desaparecen… y vuelven a empezar… y después, silencio.

En esos instantes, minutos… horas… se me dispara la creatividad. Invento más historias que Walt Disney… pero no son bonitas. Todas tienden a ser catastróficas.

Y ahí no termina el drama. No solo me pasa con textos, también con algunas conversaciones, intercambios… y sí, posts o publicaciones en redes sociales. ¡Qué mierda es sentirse bajo la lupa… examinado y juzgado!

Pero ¿saben qué es aún peor? Que en la mayoría de los casos, a nadie le importa. Y la lupa, el drama, los juicios y contradicciones son home-made. Hechos en casa… o mejor dicho, hechos en el coco hiperactivo que llevamos sobre los hombros.

La realidad es que, en la mayoría de los casos, la gente que vale la pena tiene sus propias preocupaciones e intereses. Ni miran. Y si miran, se despeinan con lo que tienen entre manos, pasan la página o se saltan el capítulo entero. Su opinión sobre ti no se forja con una sola línea, ni la analizan o diseccionan como si fuera un sapo en clase de biología. Hay historia, contexto… y a no ser que les estés pidiendo que te regalen a uno de sus hijos o que mantengan a tu madre, su opinión sobre ti no va a cambiar con un texto.

En los otros casos… en este mundo de hoy, sí están los criticones, los desocupados, faltos de vidas personales o de intereses propios… y también los autodesignados guardianes de la verdad y la ética, que se creen que están aquí para educar al mundo, castigar a los demás y enseñarles a vivir, que se van a concentrar en cada una de tus palabras. Sus comentarios pueden doler. Pero por Dios… mira de dónde vienen.

Pero ese no es el punto. El de hoy es la sobrepensadera.

En momentos así, los expertos, psicólogos, asesores —y una búsqueda rápida en ChatGPT— recomiendan cambiar de tema, de cuarto, poner música, dar una vuelta. Preguntarse si el rollo vale la pena… o vale TU pena. Si vale el esfuerzo, el tiempo, la angustia.

También puedes decidir ponerte en pausa y darte una cita para mañana a la misma hora para retomar el problema (generalmente ahí se queda).

Y un consejo nuevo que me ha salido en varias conversaciones en los últimos días: si vas en espiral… por el túnel… en automático, en un comportamiento que no te gusta… retírate y mójate las muñecas con agua fría. Tiende a interrumpir patrones negativos. La he probado y funciona.

Y finalmente, les comparto lo que más me está ayudando en estos días. Tengo proyectos nuevos, una lista de sueños por cumplir, metas por alcanzar, gente bonita con la que quiero recolectar momentos… o seres a los que ADORO y que se merecen mi tiempo, mucho más que esta maldita crisis inventada.

Así que me digo:
¿en qué puedes estar pensando ahora que te suma más de lo que te resta?

Aquí estoy, contándoles mi cuento de la semana.

¡Arriba corazones!

-Cristina

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