Frida
Un corazón roto también puede volar
Corazones,
¿Saben esas preguntas típicas que les hacen a las reinas de belleza en la última ronda, cuando ya solo quedan cinco finalistas?
(No soy fan, pero soy colombiana, así que crecí haciéndole fuerza a Nuestra Belleza Nacional).
La pregunta clásica es siempre algo así como:
¿Qué personaje de la historia te habría gustado conocer?
La mayoría habla del Papa, de algún presidente importante, de la Madre Teresa…
Yo hoy solo diría una cosa:
Frida.
Frida.
Frida.
He leído y releído sus citas.
Sigo su arte.
He leído sus escritos.
Admiro su vestuario.
Y hoy, especialmente hoy — en que me he sentido un poco rota — tengo una lista larguísima de preguntas para ella.
La mayoría empezarían igual:
¿Cómo hiciste para…?
¿De dónde sacaste…?
El espíritu.
La motivación.
La fuerza.
Las ganas.
Aunque les confieso algo.
En nuestro encuentro imaginario, además de preguntarle todo eso… probablemente también le habría sacado las cejas.
Y de paso le habría depilado el bigote.
La pienso esperando a Diego cuando no llega.
(Y lo detesto… y detesto a todos los Diegos que me he encontrado en el camino).
Y a pesar del dolor, me la imagino poniéndose flores en el pelo.
En mi cuadro les puse lentejuelas,
para honrar su brillo.
La veo en la cama… literalmente rota, diciéndole a sus pies que no los necesita porque ella tiene alas para volar.
Aun estando retorcida de dolor, Frida se inventó un atril para poder seguir pintando, para seguir creando.
Y desde allí tocó vidas, inspiró, motivó… e hizo historia.
Frida fue única. Y seguramente, si hubiéramos existido en el mismo tiempo y en el mismo espacio, nos habríamos caído re mal.
En el viejo oeste, o en medio de una guerra civil, seguramente nos habríamos enfrentado a balazos.
Ella ganadora.
Yo perdedora.
La habría admirado igual.
Habría reconocido que todas las mujeres llevamos algo de Frida adentro.
Un alma briosa.
Dispuesta a darlo todo.
A perderlo cuando toca.
A defenderlo mientras se puede.
Y a volver a empezar.
No quiero sonar dramática, porque mi Frida imaginaria seguramente habría despreciado este espectáculo, de la misma manera que yo me desprecio a mí misma cuando me consiento esas tristezas que se arreglan con corriendo un par de millas… o con un buen baño reparador.
Y esa no es la idea.
La idea es celebrar el Día de la Mujer — la semana de la mujer, el año de la mujer — con las palabras que Frida nos dejó.
Porque al final, aunque nos rompamos un poco por dentro, las mujeres tenemos una costumbre peligrosa:
Volver a decorarnos con flores.
Escribir historias fantásticas.
Pintar figuras mitológicas.
Inventarnos alas.
Mandarlos pa’l carajo…
y volver a empezar.
Para hoy, una de las frases que acompaña su imagen:
“Ni tú eres para tanto, ni yo para tan poco.”
Frida.
