Ni es mi circo, ni son mis monos
Un chat nocturno, monos imaginarios y una lección clara: no todo caos es tuyo para sostener.
ADVERTENCIA: LENGUAJE EXPLICITO
Sentí a los monos volando alto — gritando, saltando sobre mi cama, como si se estuvieran burlando de mi desesperación por controlarlos.
La realidad es que un chat de grupo había hecho erupción… escupiendo cenizas y lava.
Entre ataques y contraataques, la luz del teléfono iluminaba intermitentemente la oscuridad.
Volaban mensajes, los malentendidos se multiplicaban. La cordialidad evaporándose. Los párrafos cada vez más largos. El silencio cada vez más corto y más pesado. Y luego más párrafos.
Y ahí estaba yo — ni siquiera directamente involucrada — con el corazón latiendo como si fuera mi turno de salir al escenario.
Me levanté sobresaltada a medianoche.
Otra vez.
Después de otra “otra vez”.
Encendí la cafetera antes del automático de las 5 a.m. Tenía los ojos inyectados de sangre por la falta de sueño. La piel reseca. Y las nalgas enormes… la representación perfecta de unos glúteos MÁXIMOS.
Había estado comiendo para soportar la angustia. Tomando sodas para ahogar el estrés.
Todo por una conversación y una situación que ni siquiera eran mías, pero que decidí adoptar como si fueran cachorritos huérfanos.
Escribía y borraba.
Escribía y borraba.
Por favor paren antes de que nos perdamos unos a otros y a nosotros mismos.
Eso era lo que quería decir.
No para defender a nadie.
No para ganar.
No para tener la razón.
Solo para detener la espiral.
Me senté en el porche, en el frío. Como vivo en una zona boscosa, escuché lobos o perros aullando a lo lejos… tal vez estaban llorando, gritando, o tal vez eran llamados de apareamiento.
Y ahí fue cuando me cayó la ficha.
¿A quién carajos le importa?
Sus chillidos no tenían nada que ver conmigo. Igual que los monos del chat.
Yo había decidido que era mi papel evitar que se desmoronaran. Traducir el tono. Suavizar el impacto. Sostener el balance mientras todos estallaban a mi alrededor.
Había confundido empatía con responsabilidad.
Amor con responsabilidad.
Fortaleza con aguante.
Y mi sistema nervioso estaba pagando el precio.
El circo no necesitaba director.
Y yo necesitaba dormir.
La oscuridad de la noche me aclaró el panorama:
Los monos van a colgarse.
Las voces van a subir.
Los chats de grupo van a explotar.
Y puedo preocuparme — o no.
La pintura vino después. Un corazón con glitter. Ojos cerrados. Audífonos azules. Monos rebotando al fondo.
No sintiéndome enojada.
No estando fría.
No desconectada de mis sentimientos.
Solo del caos.
No es mi circo.
No son mis monos.
Recuerden, mis amores,
Audífonos ON, drama OFF.
- Cristina
